En el marco de la previa del encuentro que enfrentó a Villa Dálmine con Argentino de Merlo, la Comisión Directiva de la entidad de Campana realizó un emotivo reconocimiento a uno de sus máximos referentes históricos: el arrecifeño Pedro “Palito” Galván.
La distinción no es casual, sino que responde a una trayectoria que quedó grabada en la memoria de los hinchas del «Viola». Galván vistió la camiseta del club entre 1987 y 1990, un ciclo en el que se consolidó como una pieza fundamental del ataque, disputando un total de 88 partidos y marcando 23 goles.
Sin embargo, el punto más alto de su estadía en la institución ocurrió en la temporada del ascenso a la Primera B Nacional. Aquel año, el delantero arrecifeño fue el gran protagonista de la campaña al convertir 14 tantos, siendo el eje ofensivo que permitió al equipo alcanzar la categoría superior por primera vez en su historia.
Para los seguidores de nuestra ciudad, ver a «Palito» recibir este homenaje en el campo de juego reafirma el legado de los deportistas locales que, con esfuerzo y talento, lograron trascender las fronteras y convertirse en ídolos en clubes de gran jerarquía en el fútbol de ascenso nacional. Este reconocimiento oficial de Villa Dálmine no es más que el merecido tributo a un delantero implacable que, con sus goles, escribió una de las páginas más doradas del club de Campana.
El ascenso histórico del 89: cuando «Palito» Galván tocó el cielo con el Viola
El reconocimiento que Villa Dálmine le brindó al arrecifeño Pedro “Palito” Galván trae inevitablemente a la memoria aquella campaña inolvidable de la temporada 1988/1989. Fue el año en que el club de Campana alcanzó por primera vez la Primera B Nacional, dejando una huella imborrable en el fútbol del ascenso.
Aquel torneo de Primera B fue una verdadera batalla. Villa Dálmine, dirigido tácticamente por Roberto Resquín, construyó un equipo sólido y contundente, donde Galván se destacó como el goleador implacable que el equipo necesitaba para dar el salto. Con sus 14 conquistas en esa temporada, «Palito» no solo sumaba en el marcador, sino que se convirtió en la referencia de área y en el estandarte ofensivo de un grupo que peleó palmo a palmo con los grandes equipos de la divisional.
La consagración definitiva y el ascenso a la B Nacional quedaron grabados a fuego en la historia de la institución. Aquel logro no fue producto de la casualidad, sino del despliegue de un equipo que supo manejar la presión en las fechas decisivas, con el arrecifeño como uno de los máximos artífices de la hazaña.
El homenaje reciente en el estadio no hizo más que reavivar ese vínculo afectivo entre la hinchada y aquel equipo campeón, recordándonos que, aunque pasen los años, la figura de Galván sigue vigente como un referente indiscutido de aquella gesta deportiva.







