El próximo domingo se realizará una juntada therian en el Parque Belgrano de Pergamino, un espacio ampliamente utilizado por los pergaminenses para el esparcimiento, la actividad física y los encuentros al aire libre. El anuncio del encuentro volvió a poner en agenda un fenómeno poco conocido para gran parte de la comunidad y abrió un debate que excede el evento en sí: ¿se trata de una moda pasajera o de una forma de vida?
Para quienes recién escuchan el término, los propios therians explican que no se trata de un disfraz, un cosplay ni una puesta en escena recreativa. Definen la teriantropía como una identidad interna, una vivencia personal profunda basada en la identificación con animales no humanos. El punto de tensión aparece cuando esa experiencia individual se cruza con terceros que, claramente, no estaban anotados para participar del “modo fauna”.
En las últimas semanas, esta expresión identitaria comenzó a ganar visibilidad en distintas ciudades del país, y Pergamino no quedó al margen. Las redes sociales se transformaron en el principal espacio de difusión, intercambio de experiencias y organización entre personas que comparten esta vivencia. A partir del anuncio de la juntada en el Parque Belgrano, la temática alcanzó mayor exposición local.
En paralelo, surgieron mensajes opositores en plataformas digitales. Parte de ese contenido generó preocupación, no solo por el rechazo explícito, sino también por el tono agresivo de algunas publicaciones y por la promoción de actitudes violentas, lo que encendió señales de alerta en torno a la convivencia y el respeto en el espacio público.
Desde la comunidad therian remarcan que su organización es horizontal y mayormente virtual. En esos ámbitos comparten testimonios personales y buscan explicar que, según su mirada, no se trata de una moda ni de una actividad recreativa, sino de una dimensión profunda de la identidad personal. También aclaran que en este tipo de encuentros algunos participantes pueden utilizar accesorios o expresarse corporalmente como parte de esa vivencia, siempre —afirman— desde el respeto mutuo y el cuidado del lugar.
La realización de la juntada en un parque tan concurrido como el Belgrano vuelve a plantear interrogantes que van más allá del fenómeno therian: los límites entre la expresión identitaria y el uso compartido del espacio público, la tolerancia frente a lo diferente y la capacidad de la sociedad para debatir sin caer en la descalificación.
Mientras tanto, la pregunta queda abierta. ¿Estamos frente a una moda impulsada por las redes sociales o ante una forma de vida que busca visibilidad y reconocimiento? Y si es lo segundo, ¿Cómo se construye la convivencia con quienes no comparten —ni comprenden— esa vivencia? El encuentro en el Parque Belgrano, más allá de su convocatoria, parece ser apenas un disparador de un debate mucho más amplio.

