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Arrecifes: su historiaColumnistas

Se cumplen 107 años del homicidio de Santiago H. Pérez

Era sábado 17 de julio de 1915 cuando se produce un hecho en Arrecifes que tuvo amplia repercusión en nuestro medio y en el país. Había sido asesinado, el entonces convecino Santiago Hilario Pérez. El mencionado, integrante de una firma comercial, que regía bajo el rubro de compra de cereales, era a la vez corresponsal del diario La Nación. Además incursionaba en el ambiente político y en ese momento imperaban hechos de violencia, que marcaron una época nefasta, a la que no era ajena nuestro medio.

En ese tiempo era gobernador de la provincia Marcelino Ugarte, uno de los prominentes jefes del Partido Conservador, por supuesto contaba en los pueblos bonaerenses con la adhesión de caudillos adeptos a dicha ideología. Estos no estaban ajenos a las directivas de mano dura impulsada desde dicho ente partidario. Por supuesto el objetivo era la eliminación de los opositores por distintos medios, mediante argucias electorales o a través otros métodos… más drásticos.

Aquí, uno de esos caudillos era José Acacio Ramos, en el momento del asesinato ocupaba la banca de diputado en la legislatura provincial. Si bien algunas versiones señalan que Santiago H. Pérez era radical, otras sostienen que incursionaba en el conservadorismo y que en su momento había tenido entredichos muy fuertes con el caudillo mencionado, al que atacaba en sus envíos periodísticos al diario que representaba. Con ello, más denuncias sobre autoridades locales, se habían granjeado enemigos peligrosos. De esa manera, la opinión pública suponía que el crimen era una venganza política.

La víctima tenía 28 años de edad, desde hacía más de 10 años estaba radicado en Arrecifes, donde ingresó como empleado de la firma Nieto y Gil. Posteriormente llegó a ser contador y socio de la misma. Además administraba colonias agrícolas muy importantes y por su cuenta tuvo trilladoras y desgranadoras, con lo cual logró un capital de realce. Recorría las chacras en una motocicleta de gran cilindrada, o en un auto muy pequeño, generalmente vestido con ropa de cuero y botas para mitigar la temperatura ambiente. Hablaba bastante bien el inglés, con lo cual podía entenderse, especialmente, con los numerosos irlandeses radicados en este medio. Era alto, de porte decidido, versado en leyes y conocedor de vericuetos para enfrentar posibles problemas. Asimismo era amigo del doctor Vitelmo Carbajal, de Cavanagh y especialmente del sobrino del cura párroco Alicio Muñagorri, con éste solía salir al campo en búsqueda de clientes en su diminuto vehículo.

La noche del crimen había estado en la Farmacia Danieri, donde habitualmente conversaba con su amigo y propietario del negocio, Fortunato Danieri. Como debía viajar a Luján. a la madrugada, se retiró del lugar para pasar por su escritorio, ubicado justo frente a la Farmacia y luego se encaminó hacia donde tenía su domicilio. Apenas hechos unos 100 metros, en medio de la oscuridad (recordar la escasa iluminación existente), fue agredido con una cachiporra que le destrozó el cráneo. Eran alrededor de las 11 de la noche. Al poco tiempo, vecinos lo encuentran tirado y dan cuenta del hecho, de esa manera concurre presuroso el médico de policía, doctor Pedro Soler Galeano que lo auxilia, todavía con vida, y lo trasladó al Hospital Municipal. Se requiere telefónicamente, con la urgencia del caso, la presencia del especialista doctor Rodriguez Jáuregui de Pergamino, sin que se pudiera evitar su deceso, que ocurrió a las 2 del fatídico día.

Se marca con una X el lugar donde cayó el cuerpo de Santiago H. Pérez, que era la fonda de Algán, cuyos dueños y empleados están en la puerta. La misma estaba ubicada en la intersección de las calles Necochea (hoy Risso) y Carmen de Areco (hoy Santiago H. Pérez). La foto fue obtenida a horas de conocerse el hecho.

Pérez vivía a pocos metros de donde fue atacado, en una casa que compartía con Francisco Galanés, empleado bancario y con José Panizza, cerealista. Llamativamente en esa esquina Zapiola, (hoy Gerardo Risso) y Carmen de Areco (hoy denominada con el nombre del occiso) se había apagado el farol que iluminaba pobremente ese sector de la calle. Estaba allí instalado un negocio de fonda.

Intervino en la investigación del hecho el comisario Ernesto Poveda, el inspector de policía Ismael Santos Rosa y el juez de crimen de San Nicolás, doctor Uzal Deheza. Durante sus diligencias se detuvo a algunos vecinos, sospechosos de distritos aledaños, pero nunca pudo llegarse al autor material del crimen.

Por supuesto el tema siguió vigente durante mucho tiempo y los principales partidos políticos del momento, Conservadores y Radicales, se adjudicaban la adhesión de Santiago H. Pérez hacia ellos.

El nebuloso acontecimiento sirvió para tejer una serie de criterios sobre la realidad.

Este hecho fue un tema muy conversado con Ricardo Mendoza Dumas, quien fue un investigador de la historia y publicó numerosas iniciativas de las cuales algunas tuvieron eco. Éste me decía que como fue un contemporáneo de esa época, y que en ese entonces orillaba los veinte años de edad, tenía conocimiento de ciertas alternativas de como se habían desarrollado los hechos. Así fue que en un extenso escrito, realizado con una antigua máquina de escribir, fechado el 17 de octubre de 1986, me lo hace llegar a mi nombre destacando «Mi estimado amigo Bustos» y con su firma. En el expresa textualmente muchos conceptos que serán destacados entre comillas, sobre el acontecimiento. Así sostiene: «llenaré mi tiempo historiando la muerte de SANTIAGO HILARIO PEREZ afirmando que Santiago H. Pérez nunca fue afiliado al partido de la Unión Civica Radical, sino que fue conservador como todos sus hermanos mayores (José Maria, Inocencio y Rufino). Tampoco fue un asesinato político, sino una venganza por razones de familia» (esto esa subrayado).

Más adelante Mendoza Dumas sostiene: «En un principio se creyó que el caudillo oficialista, José Acacio Ramos lo había mandado asesinar, pero si bien en un principio se sostuvo esa tesis, no paso mucho tiempo que se sospechara que el asesino de Pérez fuera una persona allegada a su persona. ¿De quién se sospechaba (textual)?. Víctor Montes era el conserje del Club Artesanos del que Pérez era el presidente». Seguidamente el documento expresa: «Durante una temporada de fines de 1914 Santiago H. Pérez mantuvo relaciones sentimentales con la señorita Victoria Montes». Esta era hija de Montes y tanto este como su esposa hacían lo posible para que la relación se concretara en matrimonio, pero a principios de 1915 dio por terminada estas relaciones, seguía narrando Mendoza Dumas y deja constancia de detalles que no hacen a la cuestión. Según el detallado informe «Montes sabia que Pérez estaba de novio con una dama de la sociedad de la ciudad de Luján, de donde Pérez era nativo». Continua el escrito: «Montes sabia que Pérez viajaría a Luján en el tren local de las 7 y esa (textual) domingo se comprometería a contraer matrimonio».

Sigue el relato: «VERSION DE JOSE SAYAGO (1919). Este señor era nativo de Arrecifes, pero domiciliado en Pergamino. Trabajaba como recibidor de exportación de Bunge y Born y se hospedaba en el Hotel Moderno de Horacio Marquesi. Sayago, con el pretexto de que la correspondencia remitida a Bunge y Born saliera en el primer tren local de las 7, la echaba al buzón de la estación, pero su objeto era detenerse en el zaguán de la casa de doña Gerónima de Telechea, calle Zapiola casi esquina Rocha. Donde se hospedaba una pensionista a la que Sayago cortejaba. Serian las 11 de la noche cuando resolvió retirarse del hostal. Caminaba frente a la fonda de Algán cuando oyó 2 golpes como si pegará con un fierro a un árbol. A esa hora había una espesa neblina que no permitía ver bien, pero alcanzó a ver a una persona que cruzó la calle Zapiola apresuradamente escudado en una capa y cubría su cabeza una boina de vasco. Sayago lo siguió observando, calle por medio y vio que al llegar al portón de la casa de don Juan André Valle arrojó un fierro que cayó en la cochera de la casa. La persona con boina y capa siguió caminando apresuradamente, al llegar a la esquina dobló a la izquierda. Sayago cruzó la calle frente al domicilio de Laulheé y vio que el hombre de la capa entraba al Club de Artesanos. Pocos minutos después Sayago llegó hotel donde sus camaradas se entretenían tomando mate y otros jugando al siete y medio. Habrían pasado veinte minutos desde que Sayago llegó cuando el sereno del Hotel anunció en alta voz que Santiago Pérez había sido asesinado. Sayago y demás huéspedes del hotel se dirigieron al lugar del hecho, calle Zapiola esquina Carmen de Areco, donde se había reunido un crecido grupo de gente. La policía y el doctor Francisco Meroño, médico de policía habían transportado a Pérez en una camilla y llevado al Hospital Municipal Santa Francisca. Allí lo esperaba el doctor Vitelmo A. Carbajal. Ambos médicos, Meroño y Carbajal certificaron el fallecimiento por fractura del cráneo producida por una cachiporra de hierro. Comprobando que el autor del crimen era zurdo. Se levantó la capilla ardiente en los salones del Club de Artesanos. ¿En la casa del asesino? Sayago llegó a la esquina del asesinato y pensó que el asesino sería la misma persona de capa y boina que entró al Club de Artesanos».

En la fotografía posan José Panizza, Santiago H. Pérez y Francisco Galanés.

Siguiendo el escrito Mendoza Dumas detalla: «En el caso de Santiago Pérez, el Juez de Crimen doctor Horacio Deheza instaló su despacho en el Hotel Moderno, acompañado de su secretario, un escribiente y 2 ujieres. El Juez del Crimen había sido instruido por el Ministro de Gobierno provincial al doctor Gabino Sala fin de que extrema todos los recursos para detener al asesino de Pérez. La Jefatura de Policía había enviado a Arrecifes, un elevado número de pesquisas. Estos pesquisas trabajaron intensamente deteniendo a investigando a todo sospechoso. El Juez del Crimen Dr. Deheza permaneció unos 40 días en Arrecifes. Al cabo de ese tiempo dio por terminada su misión, sin encontrar ni siquiera un sospechoso de la muerte de Santiago Pérez».

Más adelante sostiene: «Yo mantuve relaciones amistosas con Santiago H. Pérez, lo veía casi todos los días en la localidad de Todd donde yo era empleado de un acopiado de cereales, señor Emilio Blanc. Para mi Pérez era un conservador común, Yo era afiliado al Centro Socialista desde 1914.

En las charlas con don Ricardo Mendoza Dumas, sostuvo que él había charlado mucho del tema con Sayago -ambos tenían relación de empleados de dos firmas cerealeras- pero que éste mantuvo su boca cerrada por tener miedo a represalias.

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