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Miguel Lucero: «Prefiero morir en la calesita que de angustia en mi casa».

Arrecifes hoy no tiene calesita, en gran parte de la Argentina las pocas que quedan, ya son declaradas de interés cultural, mientras que aquí,  aún los políticos siguen sin tener tiempo ante la posibilidad de su reapertura.

Diario Imagen  se reunió con Miguel Lucero, su  propietario y  contó la historia detrás de este símbolo de la niñez.

La Calesita: Un juego de la niñez, adormecido en el corazón de los adultos

“Nunca en mi vida se me hubiese ocurrido armar una calesita»

Corría el año 2000, Miguel estaba atravesando el peor momento de su vida: su hijo había muerto, su ánimo estaba por el piso, un sobrino de Buenos Aires vino a visitarlo y le habló de un amigo que tenía una calesita en desuso “yo no interpreté qué era una calesita, nunca en mi vida se me hubiese ocurrido tener una, armar una, quede sorprendido cuando viaje a Buenos Aires a verla, estaba casi desarmada, había que empezar de cero”

La calesita fue cedida a préstamo y para Miguel fue una ardua tarea  “Fue difícil, porque hay que tener en cuenta que es algo colgado de un palo central, el motor es de 1400 vueltas, la calesita tiene que girar a 5 vueltas x minuto, me hablaban en ruso, pero nos pusimos a armarla. Fue complicadísimo”

Bajo la intendencia de Gustavo Picoy comenzó a pensarse en qué lugar iba a funcionar la calesita, uno de los primeros lugares en los que se pensó, fue el predio de Avenida Sarmiento y Frascheri donde actualmente está la Plazoleta Héroes de Malvinas, como idea surgió conseguir un vagón de tren antiguo “la idea era poner el vagón mas arriba de las vías y la calesita adelante, como emprendimiento vender comida como lo que son los carritos en el ferrocarril hoy, yo estaba totalmente en quiebra, tenía una carpintería , había vendido todo por la calesita”

Pero la política del momento le prohibió a Lucero lucrar en el terreno del ferrocarril.

De esta manera surgió un espacio en plaza Brown luego de haber conseguido la aprobación en el  Concejo Deliberante

“Me dieron el predio y empezaron los problemas, un Concejal me hizo la vida imposible, mucha gente decía que la plaza se iba a ver mal, cuando en todo el mundo hay una calesita en las plazas, luché mucho, mucho”

“Al final, la armamos”

Si bien Miguel encontró muchos obstáculos, hubo gente que le brindó apoyo absoluto, que creyó en él y en esta idea de una calesita para Arrecifes. Chiquito Bethular, con su tornería; Raúl Pernicone; Moreyra, pasando noches enteras haciendo y deshaciendo, inventando formas de juntar dinero “al final la armamos , le debía a cada santo una vela” comenta  Miguel.

“De los chicos aprendí que todos en la vida queremos ser iguales”

Diciembre del año 2000, 25 centavos la vuelta, Miguel se preguntaba cuándo saldaría las deudas que la calesita le había ocasionado, pero el milagro ocurrió, todos los días de ese verano hasta la 1:00 hs.- de la mañana los chicos disfrutaban de dar una, otra y otra vuelta, en dos meses pudo saldar todo lo que debía. Fue todo un éxito, que continuó a lo largo del año.

Miguel con 55 años paso a ser Piñón Fijo por amor a los chicos de la calesita. Por esos años también se hizo la fiesta de la mascota, entre tantas otras ideas que alegraban los domingos de cada familia “en el trato diario con los chicos empecé a aprender de ellos, cómo piensan, cómo sienten, y me di cuenta que no sabía nada, que cuanto más uno aprende menos sabe. Había chicos que iban sin monedas, yo los dejaba subir igual pero ellos se quedaban parados mirándome, cuando les decía que suban, me decían: ‘nos falta el papelito’, ahí me di cuenta que todos los chicos quieren ser iguales, que todos en el mundo queremos ser iguales”.

Volver a empezar

Pero no todo el camino era de rosas, ya que quien le había cedido en préstamo parte de la calesita le pidió un pago muy alto en concepto de alquiler, por lo que Miguel decidió darle todo y empezar otra vez. “Hice otra calesita, por la experiencia me resultó más fácil y en 2001 la puse en marcha, el recordado Roberto Villegas me sugirió hacerle el techo con parte de la estructura de un silo”,

“Mi agradecimiento eterno para todos los que confiaron en mí, tuve una experiencia de vida fantástica con la calesita, historias que me conmovieron”.

“ La gente cada vez apoyó más esta idea, mi amor por los chicos fue el motor que me impulsó a seguir”

“Sólo quiero trabajar antes de morir”

Volver a empezar, que aún no termina el juego, volver a intentar…

Fueron muchos años de generaciones disfrutando de este símbolo de la niñez, no sólo de Arrecifes sino ciudades vecinas de la zona que no tienen una calesita, fueron muchos años de cuidados, de esfuerzo, de dedicación, risas y sortijas ganadas con la complicidad de Miguel.

Pero este año el mundo se paro… como el motor de esta calesita… y junto a él los chicos también perdieron sus juegos preferidos, esos que no están tras una compu ni en un celu, porque ahí, en ese reino de fantasía, juegan a ser maquinistas de un tren, domadores de caballos, aviadores, pilotos… Y Miguel también perdió lo que más fuerzas le daba: su amor por la calesita.

Desde hace más de 7 meses la calesita dejó de funcionar. “Estoy desarmando la calesita, porque me han robado faroles, me han roto muchas cosas, la hacen girar y la descarrilan, por lo que ponerla en marcha es un trabajo enorme, difícil. Yo pago un seguro, un canon y la luz, que puse propia para no causarle gasto al municipio. Eden me está cobrando con la calesita parada; voy a pelear porque  eso no corresponde, lucran con la desgracia”

“Yo no necesito una colecta, no pido plata. Agradezco a todos, pero sólo quiero trabajar»

“Yo estoy convencido que puedo trabajar, si me dicen  que no está bien lo acepto; Todos lo estamos pasando mal, otros muchos peor que yo. Sólo quiero trabajar antes de morir”.

“Me siento respaldado por la gente, pero no necesito plata, se que están haciendo una colecta y lo agradezco pero sólo pido trabajar, se que el Concejo está tratando el pedido de apertura con el protocolo necesario. De hecho mi intención fue presentárselo al Sr, Intendente pero no pudo atenderme”.

“Yo no soy un necio, si no se puede, lo voy a entender, jamás le haría mal a un chico”.

“Los chicos me ayudan a vivir, me mantienen con ganas de hacer cosas”.

“Prefiero morirme en la calesita que de angustia en mi casa”

Así termina la entrevista  a Miguel Lucero; el dueño de la calesita; el dueño de la magia del mundo de los niños; el dueño de un sin fin de sensaciones hoy dormidas. HOY ESPERANDO, a que este miedo pase y nos deje una esperanza, la de volver a jugar,  a inventar, la de volver a ver a Miguel, como siempre en una vuelta más, esperando   vivir ese universo donde todo es posible.

 

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