A través de un comunicado cargado de angustia, las responsables del Refugio de Animales de nuestra ciudad dieron a conocer la crítica situación que atraviesan. En las últimas semanas, el ingreso masivo de perros —en su gran mayoría cachorros— ha llevado las instalaciones a un punto de saturación total, agotando tanto el espacio físico como los recursos económicos disponibles.
Con 120 animales, y alrededor de 15 cachorros las instalaciones del Refugio están colapsadas. Ni que hablar del aspecto económico.
La realidad que describen es preocupante. El desborde no sólo impide el ingreso de nuevos animales, sino que pone en riesgo la calidad de atención de los que ya se encuentran albergados. «Necesitamos cuidar a los animales que ya tenemos adentro y poder darles lo básico: alimento, atención veterinaria y un lugar seguro», explicaron, remarcando que detrás de cada pedido de auxilio hay una urgencia, pero que hoy la estructura del lugar no permite más excepciones.
Ante este panorama, desde el refugio lanzaron un llamado a la solidaridad de todos los vecinos. El mensaje es claro: la solución no depende solo de ellos, sino del compromiso ciudadano. Para ayudar a revertir esta situación, proponen cuatro ejes fundamentales:
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Castración: Para evitar que sigan naciendo animales sin hogar.
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Tránsito: Ofrecer un espacio temporal para sacar animales del refugio.
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Adopción responsable: Ayudar a difundir y encontrar familias definitivas.
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Colaboración: Aportes para alimentos y gastos veterinarios, que son constantes y costosos.
El trabajo del refugio es un pilar fundamental en la salud pública y el bienestar animal de nuestra ciudad, pero hoy necesita, más que nunca, que la comunidad no le suelte la mano.

